jueves, 29 de marzo de 2012

La Argentinidad al palo

Bueno, actualizo solo por actualizar, porque la verdad mucha acción no hubo.
Hace una semana que estoy encerrada estudiando dos materias - sí, también vine a estudiar.
Bueno, y el finde... es finde, así que algo hice, obviamente.
El jueves, melancolía total. Pero tema totalmente superado así que no voy a volver a charlar de eso.
Viernes, previa en lo de Gabi (uno de los mexicanos) que nos mostró su nuevo depto.
Mil quinientas personas en un depto de dos por dos jaja, estuvimos ahí un rato y después partimos a bolichear.
No me fui hasta que me echaron, y me querían echar con reggaeton! que atrevidos estos tantos, poniendo música de prime time a las 5.30 de la matina. En fin, cuando nos echaron, las chicas me dijeron de ir a bajonear a una panadería que queda A LA VUELTA de mi depto (aclaración: la panadería creo que está hecha especialmente para el bajón, porque nunca la vi abierta de día). Delicia total, una pizza a las 6 de la mañana, 5ta comida a full.
Sábado de mates y cookies en un parque con las chicas, y después decidimos ir a un aperitivo. A todo esto, con Mica teníamos que pasar por el super, soooo... fuimos, compramos, dejamos las cosas en el depto, nos encontramos con Ailin y partimos para el aperitivo.
Claro, el aperitivo quedaba en frente del parque, del otro lado, entonces para llegar hacia él lo más directo era cruzar el parque y llegabas.  Nosotras, muy vivas, nos metimos sin ningún problema, y sin haberse percatado ninguna del cartel de la entrada que dice los HORARIOS del parque. Sí, señores, resulta que al parque lo cerraban JUSTO a la hora que entramos nosotras. Entramos por una puerta -abierta, obviamente- y cuando llegamos a la otra punta, la puerta cerrada. Gran dilema gran: saltar la reja cual animal  y abalanzarse hacia la comida (estábamos saludándola prácticamente) o retroceder y hacer las cosas como una señorita. Retrocedimos, a todo esto nos encontramos con otra señora tana que le había pasado lo mismo que a nosotras tres. Volvimos por donde entramos, cerrada también.
Crisis. La mujer llamó desde el tel SOS y nadie le contestó. Doblemente crisis.
Pasar la noche en un parque no era una de las cosas de mi lista de cosas pendientes antes de morir, pero bueno, se había dado así.
En eso la mujer habla con alguien de afuera, y le pide que vaya a buscar al tipito que cierra las puertas.
20 minutos después cae el flaco y nos caga a pedos - nos hacemos (somos) las típicas extranjeras que no entienden ni en donde están paradas - y nos vamos.
Por fin comida, panza llena corazón contento y a otra cosa mariposa.
Domingo, lunes, martes y hoy encerrada estudiando. El pronóstico de mañana es el mismo.
El viernes a la mañana se rinde. Muchos éxitos para mi.
El viernes a la tarde se viaja a Madrid. Felicidad plena.
El sábado a las 7 am te me voy a estar colgando cual baile de koala de Rocío Marengo, mi amor.
Sábado 7.01 am voy a estar llenándote de besos y abrazos, sin cesar hasta el 21 de abril.





Apéndice:
El título de la entrada es por un hecho que se nos hizo costumbre con mi coinquilina y tocaya. El hábito de ir a la verdulería del super, poner 3 mandarinas en la bolsa, pesarlas (acá todo es autoservice, hasta sacar fotocopias en una librería), volver a abrir la bolsa y poner 10 más.
13 mandarinas por el valor de 3.

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