martes, 6 de marzo de 2012

Gracias por haber venido a abrigarme el corazón

Ella, que había abandonado la sonrisa, las ganas de todo. Que se había desencantado del amor, que pensaba que se le había pasado el momento, que había perdido todo y – sobretodo – las esperanzas. Despertó de su pesadilla, o mejor dicho, la despertaron.

Él, antiguo mujeriego, cazador de julietas, rompecorazones. Él, chapado a la antigua, tan serio, tan caballero sin espadas ni armaduras. Él que tanto sabe y tanto le enseñó. Siempre cerca de ella, la conocía de memoria. La enamoró, la despertó de su mal sueño. Le devolvió la risa, la dulce mirada. La llenó de alegría, de magia, de vida.

Quién tiene la fortuna de conocerlo bien, sabe lo que provoca. Su determinación por las cosas, su sabiduría, su palabra justa en el momento justo. Su capacidad de hacer realidad lo que parece un sueño. Quién no, no se puede ni imaginar la facilidad que tiene para hacerte sentir la persona más especial del mundo. Es increíble como te rescata de tus malos ratos, te arranca las lágrimas de raíz y te dibuja una sonrisa de feliz cumpleaños.
Porque a su lado, ningún segundo es aburrido, sólo hay palabras de amor, caricias, juegos, risas. Si vieran con la ternura con la que mira, con una mirada que te hace sentir idiota por no entender en cada segundo de tu existencia lo valiosa que es tu vida por vivirla a su lado. Quién de verdad lo conoce, sabe bien de lo que hablo. Porque debajo de ese hombre soberbio y altanero, de ese hombre con poca paciencia, grandes convicciones, fuertes argumentos y una rapidez por la irritación tremenda; quién tuvo la suerte de llegar hasta ahí, sabe que en él habita toda la ternura, la dulzura, el amor, el respeto y la niñez que existe en el universo. Porque es él quien pinta de celestes los días, es él quién hace salir el sol. Porque antes de sus buenos días no hay nada, y las noches no son noches sin sus dulces sueños mon amour.
Porque es él quién se desvive por su sonrisa, el que viaja miles de kilómetros sólo para hacerla feliz.
Si pudieran entender la felicidad inmensa que se siente el saber que es él el hombre con quién vas a envejecer, que siempre va a extender su mano para no dejarla caer nunca.


Ella, que al fin lo encontró, sí lo entendía. Y por eso tenía tanto miedo de perderlo.
Él, que al fin la encontró, también lo entendía. Y por eso quiso luchar por lograrlo.



Ya pasaron siete meses de aquella noche de alcohol y locura, donde juraste amarme y respetarme en la salud y la enfermedad, en las buenas y en las malas, me juraste amor hasta que la muerte nos separe. Para toda la vida. Que no nos venza el miedo ni la distancia, que somos más fuertes que el Olimpo, ya sabés.
Y sí las noches son largas y negras, en mi cama siempre hay un sitio para vos esperándote.

1 comentario:

  1. Hace siglos que busco las palabras para responder a esto, y sigo sin encontrarlas, pero no quiero dejarlo sin responder. Así que solo me voy a limitar a decirte que te extraño muchísimo. Que hace diez años cuando nos conocíamos no me imaginaba ni por casualidad esto, que hace un año no me imaginaba esto.
    Es cierto que antes andaba todos los días con una distinta, pero en todas esas te buscaba a vos, a todas esas me acercaba porque les veía algo que me hacían acordar a la mujer ideal. Y después de unos días, me daba cuenta que con ese algo no alcanzaba, y volvía a buscar, y la historia se volvía a repetir, porque nunca iba a alcanzarme con un algo, cuando la mujer ideal existía y estaba tan cerca mío. Tenía que ir por la mujer de mi vida, por esa mujer capaz de apagar todos los relojes del universo cuando me besa; de borrar 11 mil km cada vez que me sonríe por skype, de tenerme paciencia y aguantarme los celos...
    Sabés? Antes no tenía miedo al compromiso como decías, solo que no le encontraba sentido, no lo entendía. Y desde que estamos juntos -e incluso desde un poquito antes también- no pienso en otra mujer, y no porque me lo haya propuesto, sino porque de verdad siento que sos la única, que después de vos no hay nada. Ahora a lo que no le veo sentido, lo que no entiendo, es despertarme sin vos, merendar sin vos, caminar sin vos, acostarme sin vos, en fin... Que nos vemos en 18 días nada más, linda! Y que sé que te sigo debiendo algo más que la vida y la felicidad -que ya te las debía antes de que escribas esto-; unos versos presuntuosos donde conste para la posteridad todo lo que me enseñaste a sentir.
    TE AMO CON TODO EL AMOR DEL UNIVERSO.-
    Vuelve pronto.

    Te esperamos,

    Mi soledad y yo.-

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