lunes, 5 de marzo de 2012

Il Labirinto

21 años no se cumplen todos los días, y menos así !

Después de publicar en el blog, me fui a acostar. A las dos horas me sonó el despertador y nos fuimos con Mica para Firenze (Florencia).
Llegamos, fuimos al hotel que estaba al toque de la estación, dejamos las cosas, y fuimos a una oficina de información turística. Nos dieron un mapa, preguntamos por el Duomo y fuimos para allá.

Llegamos, la entrada al Duomo ya estaba cerrada, peeeeeeeeero, nos hicimos las capas y nos mandamos por una entrada por el costado. Nos mandamos sin preguntar qué era, pagamos los 8 euros que había que pagar para entrar, y entraaaaamos...
Si hubieran visto nuestras caras cuando vimos las infinitas escaleras que había que subir!! Claro, resultó ser que era la entrada a la cúpula del Duomo de Firenze, desde donde se ve toda la ciudad. Todo muy lindo, pero subir 400 (literal) escalones habiendo dormido dos horas y sin almorzar no era lo que más quería en ese momento. Pero bueno, después de no sé cuanto tiempo de escalar esos escalones finalmente llegamos. La vista que había desde ahí era impagable. Sencillamente hermoso! Así que el cansancio valió la pena.
Después de eso seguimos recorriendo la ciudad, se hizo de noche y no dábamos más, así que esperamos a que se hicieran las ocho (nos rehusábamos a comer antes) y almorzamos/cenamos en un puestito que vendían pizzas al pasar. A las 10 ya estábamos las dos acostadas a punto caramelo para la dormida de nuestras vidas.
Al otro día amanecimos tipo 11, seguimos recorriendo la ciudad. Nos pintó día cultural y entramos a cada museo que se les pueda ocurrir. Vimos el David en vivo y en directo de Michelangelo (impresionante), estuvimos por la casa de Dante Alighieri, y otros museos más donde vimos una infinidad de cuadros católicos que daban miedo. Esa noche nos pintó hacernos las ricas y fuimos a comer a un lugar top donde nos cobraron 14 euros a cada una por una comida que me llenó menos que una porción de pizza de 2,5 en los puestitos así nomás.
El sábado nos levantamos más temprano y nos fuimos a Siena. Dios mío, que HERMOSA ciudad. Me encantó, está ubicada arriba de una montaña (imagínense que de la estación de trenes para llegar a la ciudad hay que subir DIEZ (10) escaleras mecánicas). Lo que caminamos en esa ciudad no tiene nombre, encima todo en subida! Pero bueno, eso también valió la pena. Ese día también llegamos, comimos, y morimos al instante. Peeero, antes de morir, se me ocurrió decirle a Mica que saquemos los pasajes para el día siguiente, la vuelta a Milán. Nos encontramos con que ya no había más trenes baratos en los horarios en los que queríamos. Había a las 15.39 pero sin asientos, o sea, tres horas A PIE, lo mismo a las 19.35 y quedaba uno a las 20.09 que ese sí tenía asientos. Claramente sacamos ese. Esa noche teníamos 10 euros para sobrevivir esa noche y todo el otro día, así que nos cagamos de risa de como pasamos de la riqueza a la pobreza en 24 hs. Si alguna la hubiera escuchado a nuestra profesora de macroeconomía "pan para hoy y hambre para mañana no sirve" no nos hubiera pasado eso, pero een fiin...
Al oooooootro dia, nos levantamos temprano y fuimos a una parte de la ciudad que no habíamos ido. Queríamos entrar a un fuerte y yo quería después pasar por la cancha de la Fiore y sacarme una foto con la estatua del Bati. Primero fuimos para el fuerte.. lo que nos costó llegar hasta allá, mamma mía!, montañas más altas no había no?. Llegamos, para entrar había que pagar 7 euros. Claramente yo quise entrar (a mi me quedaban 20 jaja), Mica me esperó afuera. A los cinco minutos le mandé un sms diciendo "Mica, es zarpado fuerte, agarrá plata de mi billetera y entrá". Y entró.
No saben lo que era, parecía sacado de un cuento. Era un LABERINTO, tenía caminos por todas partes, en todas las direcciones, subidas y bajadas (claro, estaba arriba de una montaña), fuentes, y por supuesto todos los caminos recubiertos de zarpadas libustrinas. Fuentes por todos lados, estatuas. Y claramente la vista de la ciudad, impresionante. Además entramos al Palacio que no habíamos entrado el primer día, todo lleno de oro, todo muy lujoso. Una maravilla. El fuerte tiene cinco entradas en puntos re dispersos (nosotras entramos por la entrada más difícil de llegar, obvio). A las dos horas de entrar Mica me dice que no da más,  y que prefería viajar parada y volver temprano a Milán antes que seguir dando vueltas. Así que me solidaricé con ella y le marqué la salida más cercana a nuestro hotel, para ir a averiguar si podíamos cambiar el pasaje por el de las cuatro menos veinte. Todo esto obvio que mentalizándome que iba a volver (y con vos mi amor, claramente) y me iba a recorrer TODO el fuerte entero. Era hermoso, digno del mejor cuento de hadas de día, y de terror de noche (imagínense perderse en ese laberinto inmenso, sin más sonido que tu respiración y algún pájaro al pasar y sin más luz que la de la luna). Así que la guié cual fiorentina de nacimiento a la estación, preguntamos por el cambio del pasaje. Los cambiamos, me resigné de la idea de ir a la cancha (MUY a mi pesar), buscamos las cosas, y nos fuimos.
Resultó ser que en los pasillos del tren había como asientos que se bajaban de la pared, y nos sentamos ahí. Igual a medida que se fue bajando la gente te podías sentar, Mica se sentó al toke y yo cuarenta minutos antes de llegar.
Llegué a Milán muerta, cagada de hambre, y toda contracturada y pensando en "home sweet home". 
Al otro día teníamos clases 8.45 am, y si teníamos mala suerte el flaco nos podía llamar para exponer el trabajo que "hicimos". Por suerte, no la tuvimos.
Ya pasó la clase, y ahora volví al depto a dormir una alta siesta antes de partir a mi siguiente clase. Pero por supuesto que antes quería contarles a ustedes mi nueva experiencia.
Ci vediamo presto amici!

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