viernes, 8 de junio de 2012

Que todas las noches, sean noches de boda.

Qué mejor título para vos, mi amor, que me pedís casamiento todos y cada uno de los días de tu vida.
Para vos, que desde un 6 de agosto, le pediste - semi borracho - al dueño de un bar que nos casara.
Y desde ese día, lo seguís repitiendo religiosamente.

Si bien desde un principio quería que nuestro viaje, solo quedara en nuestra memoria, me parece muy egoísta no compartir algo tan lindo, que tanta felicidad me trajo, con la gente que me quiere.
Y así fue, como después de tanta espera por fin nos vimos.
Y a pesar de no haberte visto en la puerta de llegadas, sabés que te estaba esperando ahí paradita sin moverme. Pero claro, vos querías hacerte el misterioso y pasar casi imperceptiblemente adelante mío, para darle más emoción al asunto. Y así agarrarme por la cintura, y besarme sin previo aviso. Y fue sublime.
Así comenzaron nuestros días, primero en Cáceres con tu padrino y Mirna, después en tu - y ahora mi - tan amado París.
No hay palabras para describir lo bien que me sentí conviviendo con vos esas semanas, desde el primer momento que me presentaste a tu tío - que mis nervios se esfumaron en cuestión de segundos con lo cómoda que me hicieron sentir los tres - hasta el triste momento que fue la despedida.
Nunca pensé viajar con la persona que amo a lugares tan lindos, tan mágicos, y que tan lejanos me parecían, a esta corta edad. Pero lo hicimos y fue hermoso.
En Cáceres familiamos mucho (ya sabés mi adicción por convertir en verbo cualquier sustantivo), recorrimos dos ciudades hermosas y se dio el milagro. Vos pidiéndome de salir, y yo diciéndote "no, mejor vayámonos a dormir". Qué ilusa al pensar que tu entusiasmo por salir se podría volver a llegar a repetir, pero bueno, no cambio ni diez mil salidas por ese momento durmiendo con vos.
Después de unos días, volamos a París. Qué linda mi primer imagen de París, al salir de noche del subte y ver la Torre Eiffel iluminada. Ahí terminé de caer en la cuenta en dónde y con quién estaba.
El hotel se llevó todos los premios, era hermoso, igual por suerte no apolillamos tanto - reitero : tanto - sino que recorrimos bastante de esa ciudad preciosa.
Te hice conocer los free tour, que yo sé que te encantaron jaja, sobre todo el pub crawl, que ese de free no tiene nada jaja.
Conocimos, caminamos, nos colamos en el subte (yo obligada, obvio), comimos mucho, hicimos cosas de novios, salimos a "bailar", saludamos al tío Napo, nos dijimos te amo bajo el muro de los te quiero, CASI que tiramos nuestra llave al Sena - digo casi porque el señor no quiso cumplir ese ritual - y CASI que fuimos a Eurodisney - nuevamente casi, porque el señor tampoco quiso ir.
Pero como todo, se agotó el tiempo parisino y viajamos a Cannes. Y cómo viajamos.
Ese último día en París decidimos alquilar un auto para ir manejando a Cannes, total quedaba ahí nomás. Lo alquilamos. Me llevaste a encontrarme con mis viejos - porque sos el más lindo del mundo - y después del hermoso reencuentro y de la rica cena, partimos hacia Cannes.
Qué nervios, qué miedo, qué sueño y qué cansancio.
A nosotros solos se nos ocurre viajar de noche, por una ruta que no conocíamos, con lluvia, con un solo conductor (vos) y con tantos kilómetros de distancia.
Pero llegamos, después de 12 horas de viaje, llegamos a las 11 de la mañana del día siguiente sanos y salvos a destino. Después de 6 paradas estratégicas, después de perdernos en el medio del CAMPO  - literal, camino de tierra y pasto a los costados - después de haber manejado con lluvia, por un camino que estaba horriblemente señalizado y para mal de males, cuando amaneció la niebla era peor que manejar con lluvia. Después de un "Mica, por favor, manejá los últimos 100 km" y de mi respuesta definitiva "ni en pedo". Llegamos.
El hotel me ENCANTÓ (aunque a vos, obvio, te gustó más el de París). Claro, como el señor estaba enojado porque fuimos a Cannes y no a Barcelona (porque Cannes tiene playa, y Barcelona no gente, es obvio) y llegar y que pronostiquen 5 días de lluvia, rezongaba. Y así fue, cinco días de lluvia, cinco días encerrados en la habitación. Literal, no salimos ni para ver el sol.  Pero bueno, esa mini convivencia con vos también fue hermosa.
Después, viajamos a Milán (esta vez en tren), donde me puse a estudiar para rendir mi examen (que, por cierto, me saqué un 9). Fuimos a la ciudad de Julieta juntos, escribí nuestros nombres en la casa de Julieta, nos paramos bajo el balcón de la misma, donde Romeo se colgaba para preguntarle donde estaba que no la veía.
Pero, como todo, también eso se acabó. Y llegó el día de volver a casa. Y te me fuiste, y fue horrible. Pero por suerte ya queda algo más que un vez para volver a tener un reencuentro tan hermoso.

Y colorín colorado...

1 comentario:

  1. ...Este cuento no se va a terminar nunca.

    Te amo con todo mi alma, Reina!! Y te extraño :(. Un mes y una semanaaaa :D.

    volvé. dale que si? :D

    Ah! Te querés casar conmigo, no que si? :D

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